LOS DERECHOS HUMANOS:
UNA HERRAMIENTA PARA LA DIGNIDAD

“Algunos momentos de la historia de la humanidad revisten una grandeza que, si bien no redime las atrocidades que han manchado y que siguen mancillando las páginas del libro que escribimos día a día, permite mantener encendida en el corazón de los hombres la llama de la esperanza y del optimismo sin la cual la palabra ‘futuro’ carecería de sentido. La Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, es uno de esos grandes momentos” [1] Los Derechos Humanos son una herramienta construida por las sociedades contemporáneas para alcanzar uno de sus mayores desafíos: la búsqueda de paz, justicia social y desarrollo para todas las personas. Desde los orígenes de la humanidad, diversas sociedades han desarrollado sus propias ideas sobre la dignidad intrínseca de cada ser humano, expresadas en valores o códigos morales que buscaban orientar el comportamiento de las personas, tales como la fraternidad, la solidaridad o la justicia. Pese a ello, sabemos que la Historia está llena de episodios de violencia, injusticia y dominación de unos sobre otros, que demuestran la necesidad de revisar, reflexionar y actuar constantemente para construir un mundo que permita el pleno desarrollo de todos los seres humanos.

Las sociedades contemporáneas se enfrentaron a este desafío en la primera mitad del siglo XX, tras haber vivido años de profunda violencia. Las Guerras Mundiales (1914-1918 y 1939-1945) significaron la muerte de millones de personas, la destrucción de muchos países, y el desarrollo de tecnologías que buscaron hacer más eficiente la muerte. Esta no fue la primera ocasión en que Occidente protagonizaba situaciones similares: la esclavitud, las guerras religiosas o la conquista de otros continentes, también fueron episodios en que no se respetó la dignidad de las personas. La diferencia fue que por primera vez, el desarrollo cultural, científico y tecnológico de Europa se volvía contra sí misma, dejando de ponerse al servicio del progreso de la humanidad, sino que especializándose para destruirla. Los campos de concentración, las armas de destrucción masiva o las políticas de exterminio de judíos, gitanos u homosexuales, son algunos ejemplos de este proceso.

Este nivel de violencia contra la Humanidad fue advertido por muchas personas, quienes comenzaron a reflexionar respecto a las causas de esta crisis cultural, y al mismo tiempo, a desarrollar alternativas para transformar esta realidad, superando la desesperanza y el trauma vividos en los últimos años. Una de estas propuestas fue la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948), documento creado por una comisión de las Naciones Unidas y aprobado por la mayoría de los Estados miembros, en el que se definieron una serie de derechos fundamentales para las personas. Entre sus primeras palabras se afirma que “la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana”, destacando que los Estados firmantes asumían el compromiso de promover y asegurar el respeto de los derechos en sus respectivas sociedades. Este proceso no estuvo exento de dificultades: al interior de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas se expresaron distintas posiciones, vinculadas a las diferencias entre ideologías y religiones, pese a lo cual se logró establecer un consenso entre la comunidad internacional.

Dicho origen no implica que los Derechos Humanos sean un asunto únicamente institucional, ni que las personas comunes y corrientes sólo sean sus destinatarios o beneficiarios. Muy por el contrario, desde su origen esta Declaración considera fundamental que todas las personas hagan de los Derechos Humanos un ideal común, ejerciéndolos y promoviéndolos cotidianamente, transformándose en sujetos de derecho, que actúan constantemente por su realización:

“Todos los pueblos y naciones deben esforzarse, a fin de que tanto los individuos como las instituciones, inspirándose constantemente en ella, promuevan, mediante la enseñanza y la educación, el respeto a estos derechos y libertades, y aseguren, por medidas progresivas de carácter nacional e internacional, su reconocimiento y aplicación universales y efectivos” [2]

Se debe reconocer que la existencia de la Declaración de Derechos Humanos no significó un cambio inmediato en la vida cotidiana de las personas, y que su aplicación ha sido un proceso lento y complejo, con constantes situaciones de transgresión por parte de los Estados. En este proceso, la educación en derechos humanos juega un rol fundamental, pues es el proceso mediante el cual las personas toman conocimiento de sus derechos y los ejercen cotidianamente en su relación con sus pares, el Estado u otros agentes de poder. Por otra parte, los Derechos Humanos también han evolucionado, mediante la proclamación de declaraciones específicas que han precisado los marcos de protección de algunos grupos de la población, así como con el surgimiento de mecanismos e instituciones internacionales y regionales de protección de los derechos fundamentales. Por último, se debe mencionar que el debate en torno a los derechos no ha cesado, pues algunas personas argumentan que corresponden a una iniciativa occidental que no ha sido efectiva para evitar actos de violencia o barbarie en diversos lugares del mundo, por lo que su aplicación también ha sido vista como una imposición occidental[3]. Pese a sus límites y debilidades, existe un amplio consenso respecto a que corresponden a un horizonte ético que contribuye a la defender la dignidad de los seres humanos.

1) Boutros Boutros-Ghali. “Los derechos humanos en el siglo XXI” en Unesco. (1998). Los derechos humanos en el siglo XXI: cincuenta ideas para su práctica. Barcelona: Icaria Editorial, p. 61.

2) Declaración Universal de los Derechos Humanos. (1948). Preámbulo.

3) Para profundizar en este debate ver Miguel Giusti, “Los derechos humanos en un contexto intercultural”, http://www.oei.es/valores2/giusti2.htm  y Esteban Krotz. (2008). “La fundamentación de la idea de los derechos humanos en contextos multiculturales”, Revista Alteridades, 18 (35), pp. 9-20.